La competición como estímulo para el desarrollo tecnológico

Mucha gente ve a las carreras como una aburrida caravana de autos dando vueltas como enajenados en un carrousel. Nada hay escrito sobre gustos, pero hay un factor muy importante que fomenta la competición: el desarrollo tecnológico.

Nada mejor que una carrera al máximo para aprender y saber hasta cuándo resistirá un motor; por qué un neumático se desbanda; qué influencia tiene el clima sobre la mecánica; cómo se pueden incrementar las medidas de seguridad para los tripulantes del móvil. Las carreras han puesto a prueba todos los avances de la tecnología automotriz desde fines del siglo XIX hasta hoy. Todo lo que aprueba el exigente examen de la competición, sin duda será útil para las calles.

El fin de semana último se disputaron las famosas 24 Horas de Le Mans, en el mítico circuito semipermanente de La Sarthe (parte circuito, parte carretera). Más allá del dramático desenlace de esta 84° edición (el prototipo Toyota que venía en punta se detuvo antes de iniciar la última vuelta para dejar el triunfo servido en bandeja a Porsche), la confrontación tecnológica en las cuatro categorías (LMP1, LMP2, GT Pro, GT Am) es asombrosa.

Sólo en la categoría cumbre, la LMP1, los prototipos de Audi, Porsche y Toyota parecen iguales, pero son muy diferentes. Todos utilizan tecnología híbrida (motor mecánico más propulsores eléctricos); pero, mientras el R18 e-Tron de los cuatro anillos usa un motor diésel, el 919 Hybrid de Stuttgart utiliza un pequeño V4 naftero de 2.0 litros turbocomprimido y el Toyota TS050 un V6 TwinTurbo también naftero de 2.4 litros, que reemplazó este año al antiguo V8 aspirado de 3.7 litros de 2015.

A partir de esta variedad, todo el conjunto híbrido de recuperación de energía del frenado y de generación de potencia también son disímiles, lo que lleva a probar y mejorar la tecnología en materia de downsizing, turbocompresores, baterías, tracciones integrales con motores eléctricos y un sinfín de otros dispositivos con casi un único objeto: bajar al máximo el consumo de combustible y reducir la emisión de contaminantes a la atmósfera. No sólo se corre para ganar, también se lo hace para aprender.

Fuente: Diario La Nación

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