La industria del biodiesel, en un buen momento

Desde CEPREB, cámara que nuclea a Pymes, destacan que desde que el Gobierno comenzó a dar previsibilidad al sector, actualizando los precios del combustible alternativo en tiempo y forma y respetando la fórmula para la fijación de la cotización, las 25 plantas volvieron a trabajar en un buen nivel

En un contexto en el que el Gobierno está poniendo todas sus fichas en la promoción de las energías renovables, el sector del biodiesel –específicamente, el entramado de empresas que operan para proveer en exclusiva al mercado local- está ocupando un rol preponderante en la renovada matriz energética.

“El del biodiesel es un caso de éxito que ya lleva siete años”, resume de manera precisa Alejandro Abad, presidente de la Cámara Argentina de Empresas Regionales Elaboradoras de Biocombustible (CEPREB), entidad que agrupa a las empresas transformadoras de aceite de soja en “bio”, destinado al mercado local. 

“Recientemente se le ha comenzado a dar mucha difusión a las energías renovables. Los últimos proyectos se han enfocado principalmente en la generación eléctrica, con énfasis en la energía solar y eólica. Pero en lo que se refiere a los combustibles líquidos, el biodiesel claramente ha tenido un protagonismo preponderante, gracias a la ley que hoy promueve el corte de gasoil en un 10%”, señala.

“Hoy, el biodiesel –junto con el bioetanol-, es líder entre las renovables dentro de la categoría combustibles líquidos y se acopla a la energía solar y eólica para formar un gran paraguas que es el que permite diversificar las fuentes de energía en la Argentina”, completa el directivo, quien incluso asegura que ya están comenzando a trabajar para que el “bio” elaborado a partir del aceite de soja pegue un nuevo salto y se utilice también para generar electricidad, como una respuesta más amigable con el medioambiente que el gasoil. “El biodiesel puede tener un rol clave en la generación eléctrica a través de su uso en las centrales termoelécticas que hoy existen en el país”, afirma Abad, en diálogo con iProfesional.

La realidad es que hoy el sector transita un buen presente y puede planificar a futuro por el marco de estabilidad que le otorga la Ley 26.093, que recientemente cumplió una década, y que fue clave para impulsar la producción. En un comienzo, el corte de gasoil con biodiesel era de un 5%. Pero, a partir de 2014, dicha proporción pasó a ser del doble, lo que terminó acelerando proyectos de inversión. 

Actualmente, la CEPREB nuclea a unas 25 Pymes que dedican la totalidad de la producción al corte local. Así las cosas, del millón de toneladas de “bio” que se destinan al mercado local, el 70% es abastecido cada año por estas empresas que nacieron como consecuencia directa de dicha ley.

Claro que desde que se reglamentó la ley, en 2010, el camino no siempre fue simple para estas empresas, que operan en diferentes provincias lejos de los puertos y que dependen exclusivamente de la demanda doméstica. “Desde 2010 tuvimos un período estabilidad, que se prolongó hasta el 2012, pero desde allí hasta el 2016 hubo una gran cantidad de altibajos, principalmente dados por el desacople del precio de venta del biodiesel, que es estipulado por el Gobierno y que tiene que representar los costos reales de esta industria”, detalla Abad.

Cabe destacar que el 70% de la estructura de costos está explicado por la cotización del aceite de soja. Por eso, cuando éste varía al alza y este movimiento luego no se plasma en el valor que reciben las plantas que elaboran el “bio”, se produce un desfasaje que golpea la rentabilidad de las firmas, situación que se repitió en varias oportunidades a lo largo de los últimos años.

“Enfrentamos momentos complicados, pero en buena parte de 2016 y en lo que va de 2017 la situación se ha normalizado. Actualmente el Gobierno está publicando en tiempo y forma los precios y está respetando la fórmula para fijarlo”, explica el directivo. “Esto es clave, porque esta industria depende tanto de la publicación periódica como del hecho de que el valor respete los costos reales. Este ha sido el punto más importante del trabajo que hemos llevado adelante con el Gobierno”, señala Abad, quien agrega que “es muy necesario seguir teniendo esta previsibilidad para continuar operando”. 

Un aspecto que destacan desde CEPREB es que la ley que se sancionó en el año 2006 y que se reglamentó en 2010, nació con un “espíritu Pyme”. Gracias a esta normativa, se fomentó el establecimiento de pequeñas y medianas empresas, con capacidad para elaborar alrededor de 50.000 toneladas anuales. Las mismas, al estar enfocadas en el mercado interno y no en la exportación, se radicaron en localidades del interior donde antes no se desarrollaba este tipo de industria, lo que a su vez generó un importante “efecto derrame” en distintas provincias.

“Las empresas se fueron ubicando en distintos lugares de La Pampa, Buenos Aires o Entre Ríos. Estamos hablando de zonas donde antes no había empresas de este tipo. Esto ha generado más de 3.000 empleos directos e indirectos, sumando operarios, servicios logísticos y proveedores”, sostiene. 

Abad recalca que “no estamos en condiciones de exportar porque somos empresas que fuimos fomentadas exclusivamente para abastecer al mercado interno. Esa es nuestra función. Si no nos hubiésemos ubicado cerca de los puertos”. “Por eso hoy dependemos de que el Estado Nacional continúe regulando dicha ley, para que tengamos un precio en tiempo y forma que nos permita seguir vendiendo en el mercado doméstico”, recalca. 

Fuente: iProfesional

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