Brasil, la mayor amenaza al mercado automotor argentino

El nuevo derrumbe político y económico del gigante sudamericano pone en tela de juicio la estrategia de muchas terminales automotrices, que apostaban a una recuperación del país vecino para recomponer su balanza comercial. El endeudamiento de muchas de ellas ha llegado a niveles alarmantes, y no indicios de mejoría.

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Pese a los esfuerzos por mostrar resultados en materia automotriz durante la gira de Mauricio Macri por tierras tan lejanas como China y Japón, los “logros” alcanzados son nimios ante las malas noticias que llegan desde muy cerca, del otro lado de la frontera. El aumento de producción de Toyota (algo que, por lo habitual, ya no sorprende), la ratificación del proyecto fabril de Nissan en Córdoba y la promesa de Chery de vender unos pocos autos eléctricos en la Argentina, son pequeños granos de arena en el vasto desierto de las inversiones. Esta última información, incluso, se imagina más en una charla de sobremesa de un almuerzo de domingo del “clan” presidencial que en un encuentro del primer mandatario con el CEO de una empresa a 19.000 kilómetros de distancia. El Grupo Socma, de Franco Macri es, desde hace años, el representante en el país de la marca china. El problema es Brasil.

El colapso político y económico del principal socio argentino retumbará en las plantas locales que desde hace tiempo trabajan a media máquina. Esto cuando desde las automotrices se empezaba a vislumbrar una recuperación del país vecino, lugar donde se destinan la mayor parte de las exportaciones de OKM. Para tener una idea de la magnitud del derrumbe, Brasil pasó en un par de años de un mercado de más de cuatro millones de autos a sólo dos millones. Pero el problema no es únicamente una cuestión de volumen. Hay un elemento que hoy aparece en segundo plano pero que con el escenario sombrío que vuelve a dibujarse por la fragilidad del presidente Michel Temer, toma relevancia: el flex.

La Argentina y Brasil tienen un acuerdo automotor que fija reglas de intercambio comercial. Hay un coeficiente de cálculo que establece esa relación -el denominado “flex”- que estipula que por cada dólar que se exporta en autos o autopartes, se puede importar, sin arancel, u$s1,5. El esquema actual tiene vigencia hasta el 2020 y las empresas que no lo cumplan deberán pagar una multa. Esta equivale a pagar una parte del arancel sobre el excedente. Todo muy técnico pero delicado para las finanzas de las empresas. En el Gobierno están muy preocupados por el fuerte desequilibrio que se produjo en el sector en los últimos meses. Y ese desequilibrio tiene que ver con la crisis de Brasil. Al sobrarle vehículos y tener mucha capacidad ociosa, desde la asunción de Macri los autos brasileños invadieron el mercado argentino. Esto permitió el festival de bonificaciones y descuentos que permitieron que las ventas crecieran. Este es un dato bueno para los consumidores pero malo para las empresas.

Este diario consultó a un alto funcionario del equipo económico que sigue de cerca el tema. Los datos son alarmantes. Según la información que maneja, el promedio de ese coeficiente llamado flex, que no debe ser superior a 1.5, está por arriba de 2. “Hay empresas que se acercan a 4″ explicó. En la práctica, las empresas tienen tiempo hasta el 2020 para revertir la situación y exportar más de lo que importan. La estrategia que tenían algunas automotrices que apostaron a la “guerra de precios” gracias a los autos brasileños era de aprovechar los OKM “subsidiados” que recibían mientras se esperaba la recuperación de Brasil. Ahora, el panorama vuelve a complicarse porque si Brasil, en vez de crecer, se mantiene igual o cae, no habrá mejora de demanda que permita exportarle más. Ante esta encrucijada, se le preguntó al funcionario en cuestión cuál puede ser la salida. Fue contundente. “La única salida es que paguen y, esta vez, van a pagar”, dijo convencido. El problema no es menor. Según un informe de la Universidad de Avellaneda, conocido este fin de semana, la deuda acumulada en conjunto por las automotrices ronda hoy los u$s600 millones.

El problema es que quienes también pueden pagar por este desequilibrio son los consumidores. Como se mencionó, el incremento de las importaciones desde Brasil sirvieron para mantener los precios de los OKM por la mayor oferta. Si se frena este ingreso y se pasa a un mercado de demanda, habrá consecuencias en los valores de los OKM. Basta recordar que hace dos años, cuando por el cepo la importación de autos estaba limitada, había listas de espera en las concesionarias y abundaban los sobreprecios. Volver a esa situación no parece ser lo mejor. Una disyuntiva que comenzará a develarse en los próximos meses

Fuente: Ámbito Financiero

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