El debate político se mete en el mercado automotor

Política y economía van de la mano. Esto lo saben mejor que nadie los CEOs de las principales automotrices del país, cuyas perspectivas en el mediano y largo plazo dependen de los vaivenes de la política doméstica. En estricto off de record, la opinión de uno de estos directivos.

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El sector automotor no puede estar ajeno a los movimientos políticos. Por eso, durante el Salón del Automóvil de Buenos Aires, la pregunta recurrente a cuanto directivo (nacional o extranjero) se cruzará en el camino de los periodistas era por las próximas elecciones y, especialmente, por la posibilidad de la candidatura de Cristina de Kirchner. En ese momento, todavía era una especulación, pero con el cierre de listas del fin de semana se convirtió en realidad. Obviamente, las declaraciones en “on” no escaparon a una correcta diplomacia. No es el estilo que manejan las empresas el hacer críticas desmedidas en público para una presidenta que ya dejó su cargo. Más si no se hicieron cuando estaba en el poder.

Por eso, todas las frases que se escucharon por aquellos días hablaban de “visiones a largo plazo” por encima de cualquier vaivén político. A lo sumo, para mostrar diferencias, se elogiaba las medidas tomadas por la gestión de Mauricio Macri. Ahora, con el escenario más claro, tiene mayor interés saber qué piensan los directivos de las automotrices sobre la Argentina que se viene. Mucho más si la opinión de un Presidente se revela en el marco reducido de un puñado de colaboradores y no ante un micrófono o una declaración oficial. Ahí toma mayor relevancia. 

Contra todos los pronósticos, lejos está este CEO de tener una visión alarmista. Hay que recordar que la industria automotriz llegó al final del Gobierno anterior con muy mala relación con casi todos los funcionarios y con una actividad casi paralizada por la falta de dólares y las restricciones a las importaciones. Más allá de una candidatura a una senaduría, cree que las posibilidades de que la ex presidente pueda alcanzar un tercer mandato en 2019 son, prácticamente, nulas. Y, con esa visión, las políticas que el kirchnerismo representa no tienen espacio en el corto y mediano plazo para volver a marcar el rumbo del país. “No hay margen para volver a ese pasado”, fueron precisamente sus palabras. Tampoco lo desvela que la Argentina no haya salido de la categoría de país “frontera”. Piensa que es sólo una cuestión de tiempo para mejorar la calificación.

La preocupación de este Presidente no pasa tanto por lo político o macroeconómico sino por cuestiones más propias del sector. Por ejemplo, la baja competitividad y lo que suceda con el flex (el coeficiente de intercambio comercial) con Brasil. Los dos temas, de alguna forma, van de la mano. Una frase de este Presidente quedó retumbando en la sala de reuniones de la empresa: “Es muy difícil justificar seguir invirtiendo en la Argentina, si en Brasil es mucho más barato hacerlo”.

El tema de la competitividad es el principal obstáculo que tienen las automotrices argentinas para poder exportar y atraer inversiones. Es por eso que el Gobierno está trabajando en el plan “1 millón” con todos los sectores involucrados en esta industria. De hecho, los presidentes de las terminales le reiteraron este problema a Macri durante si visita al Salón y le pidieron una audiencia para presentarle un trabajo que muestra las diferencias que existen con Brasil y México, especialmente. Mientras esperan la confirmación de esa cumbre, las empresas empezaron a reunirse con distintos ministros que pueden estar involucrados en un plan de mejora de competitividad. El jueves pasado, por ejemplo, se reunieron con el titular de Trabajo, Guillermo Dietrich. Jorge Triacca de Trabajo y Nicolás Dujovne de Hacienda serán los próximos.

El tema del flex es muy sensible. Varias empresas están excedidas en el coeficiente límite de 1.5: por cada dólar que se exporta a Brasil, se puede importar por un dólar y medio. Algunas terminales importaron mucho más de lo permitido y tienen hasta el 2020 para compensar con exportaciones, pero con un Brasil que tiene una capacidad ociosa de 2 millones de autos parece difícil poder equilibrar las cuentas. Hacerlo con otros mercados tampoco parece fácil por |o mencionado anteriormente de la baja competitividad. Tal como están las cosas, las empresas que no cumplan deberían pagar una multa. Esto va a ser difícil de explicar en las casas matrices.

Por eso, lo que suceda dentro de tres años será muy importante. Está claro que las terminales están radicadas en la Argentina, porque existe ese mecanismo de equilibrio. En un escenario de libre comercio, las inversiones se redireccionarían hacia Brasil, y la Argentina se convertiría en un país netamente importador. Si el esquema es exportar para importar, con los costos actuales y esa baja competitividad, no sería viable en el mediano plazo.

Fuente: Ámbito Financiero

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